martes, 25 de abril de 2017

I Triatlón Orihuela Miguel Hernández

Arrancamos esta nueva temporada, la decimotercera ya, y, como viene siendo habitual estos últimos años, más verde que un melón (que poco se le puede pedir al cuerpo si lo entrenas menos de 10 horas semanales, pero es lo que hay), pero eso importa poco cuando alguien como Ximo, que es un pilar de nuestro deporte, tiene el detallazo de invitar a los hawaiianos a lo que será el primer Triatlón de Orihuela Miguel Hernández, que sustituye al triste e injustamente desaparecido Triatlón de Elche Arenales.



Sergio se animó con el 113 y yo, en un momento de lucidez, me apunté a lo que llaman Olímpico +, que más bien sería +++, con distancias 1,9-60-10. En cualquier caso, el volver a estar juntos en una competición importante después de mucho tiempo sin hacerlo ya es un regalo. De la logística que conllevó el hacerlo posible mejor no hablo, que me cargo el romanticismo ;-).




Cuando llegamos el viernes, había un temporal de viento y mala mar que daba miedo. El sábado bajó un poco pero, cuando fuimos a inspeccionar el circuito de bici, el viento nos tiraba y el personal de salvamento decía que con esa mar se tendría que suspender la natación. Pero como siempre, la gente de A300W tiene a los dioses de su parte y el domingo se levantó un día estupendo para la práctica del triatlón.




Cuando estoy preparando la bici me doy cuenta de que ha pasado lo que temía. Por no preparar bien la rueda delantera, el día anterior tuve que desatascar el obús que se había quedado pillado con el líquido antipinchazos y algo había liado que la rueda perdía aire. La tenía en 2 kilos. Tras evaluar riesgos, decido no cambiarla e hincharla y rezar para que me aguantara, al menos hasta poder volver al hinchar en el pit-stop del km32. Pero vamos, lo que siempre digo: en el primer triatlón te pasan siempre un montón de globeradas, pero hay que pasarlas para aprender para el siguiente.



Nos llevan en bus al Cabo Roig (la natación era una travesía en línea) y, tras un poco de retraso, comienzan las diferentes salidas. Salían primero todos los del 113 en tandas de 3’ y después nosotros, primero las chicas y luego los chicos.






Foto de Salvador Robles

Bueno, pues ya imaginaréis. Al principio sola que no sabía ni por dónde me andaba y tenía que ir parando para orientarme, y cuando ya fui enganchando gente, abriéndome al lateral para poder ir pasando, con los metros extra que eso supone. Pero bueno, el caso es que no me encontré mal del todo y encima me encantó el recorrido, así que disfruté de ese ratillo, que no es poco.



Llego al box y compruebo que la rueda parece que aguanta y tras una transición más lenta que en el Ironman (ya me puedo aplicar para los sprints) agarro la bici con la idea de ver si podía hacer una media que rondara los 170w. Pero me vengo arriba y creo que los primeros kilómetros me paso de rosca, así que cuando ya dejamos el “mini-puerto” de Rebate y encaramos hacia Torremendo, que es como el km30, ya voy pidiendo la hora.



Desde ahí ya con un dolor de piernas horrible y aguantando el tipo como puedo, contando además con que en las bajadas iba más frenada que de costumbre (que no es poco) porque me daba pánico que la rueda reventara. A pesar del poco entrenamiento que llevo, no me estaba encontrando mal en bici, pero bueno, tocó día de penurias.

 Fotos de Salvador Robles



Llego a Orihuela viendo 160w medios en mi Powertap (165w hasta justo antes de los últimos kms de bajada al pueblo) pero 0,84 de IF, que tampoco es tontería y es que era un circuito duro duro, con continuo sube-baja (aún sin grandes subidas) que te dejaba las piernas al pilpil. Eso sí, espectacular de bonito.

 Foto de Deckfilms



La T2 un desastre. No encontraba mi bolsa y voy y salgo a correr con la camiseta de mangas por encima, vuelvo para atrás, me la intento quitar sin bajar la cremallera y con la visera puesta, me quedo atascada… un show. El que me viera… buenas risas se pegaría.


 Fotos del empanamiento de Sepu Veinti Nueve



Pero bueno, ya salgo a correr y no sé en qué punto de mi vida me he convertido en una persona que medio corre (bajo mi baremo, claro, nada que ver con las máquinas del 113 que telita…), pero el caso es que me encontraba bien y así fue durante toda la carrera a pie, disfrutando y con buenas sensaciones, así que me quedo con eso y con la sensación tan brutal de correr con la bici de primera chica abriéndome paso. Y gracias a esas buenas sensaciones pude disfrutar del precioso palmeral y del paseo por el casco antiguo, que me pareció chulísimo y con muchísima animación.



Y así hasta cruzar la meta de la primera fiesta de este año siendo consciente de que queda mucho por currar pero que al menos voy manteniendo cierta base, que dadas las circunstancias, no es poco, así que no puedo más que estar contenta. 

¡Podium de mayoria trimami! ;-)




En definitiva, un triatlón que mantiene el espíritu de lo que fuera el de Elche, de las cosas hechas con cariño y entusiasmo, con amor por nuestro deporte, y eso se respira en el ambiente y te hace sufrir, sí, pero con una sonrisa en la cara :-).

La siguiente en 10 días en un formato bien distinto, la Copa de la Reina y el Cpto. De España por Relevos y, una semana después, el Campeonato de España de MD en Pamplona que esa distancia ya son palabras mayores.

Os dejo un precio vídeo de ese día para que os hagáis una idea de cómo fue los que no estuvistéis (en el que chupo un poco de cámara jeje):

jueves, 26 de enero de 2017

Donativo excedente camisetas Kona

Como sabéis, el año pasado hice una campaña de crowdfunding de cara a mi participación en el Ironman de Kona en la que, a cambio de una aportación, obsequiaba con unas camisetas diseñadas para la ocasión.
Muchos amigos ya las tenéis en vuestro poder (muchas gracias!!), a algunos incluso les ha traído suerte (que un Kona llama a otro Kona ;-)), pero tengo algunas de excedente y he pensado que no hay mejor manera de agradecer al mundo la alegría que me ha dado que brindando un poquito de alegría a otros que la necesiten.
Por ese motivo, las camisetas sobrantes las mandaré a cambio de una donación de 11 que repartiré al 50% entre las dos organizaciones con las que colaboro de manera habitual: Médicos Sin Fronteras y ACNUR. Aprovecho esta ocasión para animaros a todos a colaborar con alguna organización benéfica, aunque sea con una poquita cantidad (que, además, os podéis desgravar una parte en vuestra declaración) ya que muchos poquitos pueden hacer muchísimo.
Para no complicar el proceso, mediante el botón de donación se donarán 15 (11€ de donación + 4€ de gastos de envío y comisión Paypal) y, en comentarios, podéis indicarme la talla de camiseta que deseáis recibir (recordad revisar la tabla de tallas, que son muy pequeñas. Pedid mínimo una talla más de la que uséis normalmente). La aplicación solicita que indiquéis la talla justo antes de finalizar el pago, en la pantalla de verificación.




Recordad incluir vuestra dirección para que pueda enviarla.
Iré haciendo inventario y mostrando las cantidades que me quedan disponibles de cada talla. Revisadlo antes de pedir una para ver si están disponibles. ¡Muchas gracias a todos de antemano!

Talla S - 5 unidades
Talla M - 9 unidades
Talla L - 14 unidades
Talla XL - 6 unidades
Talla 3-4 niño/a - 1 unidades
Talla 5-6 niño/a - 4 unidades
Talla 7-8 niño/a - 2 unidades
      Talla 9-11 niño/a - 3 unidades      
 


No es necesario disponer de cuenta Paypal. Una vez dentro te indica cómo hacer el pago con tarjeta mostrando el siguiente mensaje:


¿No dispone de una cuenta PayPal?
Utilice su tarjeta de débito o crédito. Continuar
 Tarjeta Aurora



Si tenéis alguna duda, podéis contactar conmigo en ishtar2kona16@gmail.com

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Crónica IM Kona 2016: Cap.2 - el gran día


El gran día

En pie a las 4 (que hablar de despertarme después de la nochecita en vela que me pasé sería mucho decir), desayuno, coge trastos y al Pier!. Pues cuando estamos a mitad de camino… ¡ay mi madre!!, ¡que me dejo las zapas de bici en el apartamento!!. Estaban dentro de la mochila al haber decidido en el check-in que las dejaría en los pedales en vez de en la bolsa, y tenía que llevarlas. Puffff…. Imaginad. Corre que te corre, con lo que soy yo, que me gusta llegar con muchíiiisima antelación a los boxes y lo lento que es todo allí entre que te ponen las calcomanías con el número, las bolsas, el pesaje que te hacen, que llegas a tu bici,…. Ufff. Un estrés. Lo único bueno es que con tanto agobio no me puse ni nerviosa por la competición.

La natación

Este año había 4 salidas: 6:25 PRO-M, 6:30 PRO-F, 6:55 AG-M y a las 7:10 las AG femeninas. Aquí hay una lección aprendida, y es que me metí en el agua según salieron los chicos para ir a coger sitio en el lateral derecho de la línea de salida, ya que supuestamente era más favorable la corriente, pero estar más de 10’ flotando en el agua en vertical moviendo las piernas cansa y encima te quedas pasmado. No creo que haya problema en meterse un poco más tarde y poder desplazarte a un buen sitio de salida (total, te van a pegar patadas igual…).

La esencia de Hawai. Me flipa esta foto.
Dan la salida y me llueven golpes por todos lados. Normalmente la batalla campal se acaba en unos 200-300 metros, pero aquí no… aquí de las 700 hay muuuchas que nadan a mi ritmo, así que me van apaleando casi hasta girar en el barco. Lo bueno es que como vas viendo pececillos de colores por debajo mientras nadas, compensas un poco el tormento. Total, que visto el panorama, pues me engancho a unos pies que me llevan cómoda y ahí me quedo. Cuando levanto la vista veo que parece que somos el primer grupo grande, así que ni tan mal.

Eso sí, cuando nos empezamos a chocar de bruces contra los chicos que comenzamos a adelantar con una diferencia de velocidad bastante importante, deja de ser agradable y cómodo, pero bueno, al menos no son demasiados… 

Salgo del agua en 1h01’ sin haber gastado mucho esfuerzo. A por la bici!



La bici

Desde que tengo mi flamante Powertap (hace ya 6 años), seguir una estrategia en bici resulta bastante sencillo. Jaime me había dado rangos de vatios diferenciados por tramos y más o menos coincidía con mi idea de tratar de llegar a Hawi con 150w, aprovechando que a esa hora todavía no pegaría mucho calor y picaba para arriba, y tratar de que la media final no bajara de 144w, que es mi media habitual de Ironman, compensando la ganancia de rendimiento de este año con el recorte de vatios que hay que meter cuando hace calor. 


¡Qué no falte la crema!
 
Pues puedo decir que lo clavé. 152w en Hawi y 145w poco antes de Palani. ¿Por qué digo esto?, porque cuando ya pasé en cruce del Energy Lab con la Queen K no pude más que dejar de pedalear para disfrutar en vivo y en directo de la carrera a pie de los Pro. Uno no puede pasar por allí y no pararse a ver ese espectáculo. Frodo, Kienle, Tim O’Donnel, Daniela Ryf, Anja Beranek,…

De todas formas, aunque cumplí el plan, no puedo decir que no fuera duro. Cuando soplaba el viento de frente (especialmente en la zona de Waikoloa) costaba muchísimo mover la bici, y cuando pegaba lateral, me costaba un imperio acoplarme por miedo a los bandazos. 



Se ha hablado mucho del drafting, pero ahí yo no puedo decir demasiado, ya que al tener la salida separada las chicas y ser bastantes menos que los chicos, no había mucha densidad. Sí que en un momento me pasaron 5 chicas en un claro grupo y en el siguiente penalty box ahí estaban.


Eso sí, tenía tanto miedo de que me lloviera una tarjeta sin comerlo ni beberlo, que por lo que me habían comentado era bastante común, que a falta de 12 metros igual dejaba 20m, y casi me centraba más en evitar a la gente que en hacer mi propia carrera, lo cual seguro que no me vino muy bien, amén de que “el drafting legal” (ir a esos 12 metros) siempre ayuda. Pero bueno, no me arrepiento para nada de la decisión, a pesar de la sobredosis de comer viento que me pegué.


Al final se hace bastante duro el segmento, entre el calorazo que se nota en el tramo de vuelta (que yo creo que se magnifica por el calor del sol en los campos de lava), el viento y el aguantar que te pasen constantemente quitándote las pegatinas (cómo anda la gente, madre mía). Pero ya ha terminado, tras 6 horitas justas pedaleando.


El maratón

Me bajo de la bici y en seguida soy consciente del globo que llevo. Me noto una temperatura corporal muy alta y siento que me va a estallar la cabeza. En ese momento ni lo pienso, pero puede ser que tuviera algunas decimillas y por eso me recalentara de más. No sé. El caso es que cuando la voluntaria de T2 me echó una toalla mojada en agua fría por los hombros, casi pude ver que salía humo. Me tomo mi tiempo para bajar la temperatura, hago un pis y a por ello.

En ese momento veo que salgo junto a Lucía, la animo y ya sabía que se perdería en la lejanía (vaya carrerón se marcó!). Salgo en lo que yo pienso que es tranquila (que no miro nunca el Garmin, pero viendo el archivo después no fue así del todo….) pero sigo notando mucho calor en la cabeza.


No era ni la milla 2 y yo ya sólo quería sentarme en el arcén y echarme a llorar. Pensaba en que me faltaban 40 kilómetros y, por primera vez en un IM, empecé a dudar de si podría acabarlo. Es ahí donde hay que tirar de coco y pensar que esto es el Ironman, que ahora te puedes sentir hecho una piltrafa y 20’ después ir como un tiro. Eso lo sé y es así. Así que a bajar el ritmo, al tran tran y a tirar de paciencia. Y, ante todo, nunca parar… correr aunque sea a ritmo de trote, pero si te paras o caminas, te llueven los minutos sin darte cuenta.

Me mojo en todos los avituallamientos intentando no mojarme los pies… hasta que una mujer que se vino arriba me encharcó entera con una manguera. En ese momento daba gustito, pero ya sabía yo lo que pasaría tras dos kilómetros de “chof chof”: ampollas al canto y no era ni el kilómetro 8. Pero bueno, solo es dolor, se aguanta y tampoco fue el mayor de mis problemas.

De hecho me iba encontrando cada vez mejor (menos mal), especialmente después de otro pipi-stop, y fui poco a poco aumentando el ritmo hasta Palani que, milagrosamente, pude subir corriendo, que no es poco. Al principio de la Queen K también me encontré muy bien, coincidiendo además con que se empezó a nublar un poco y al menos se podía respirar. Un poco más adelante me crucé con Jaime y chocamos nuestras manos, en un momento de gran emoción que recordaré siempre… somos un equipo.


Subiendo Palani trotando que no es poco

Hay avituallamientos cada milla y ahí viene lo que creo yo que es la clave de muchos males de tripa en Kona: que bebemos de más y nos encharcamos. Es verdad que la línea entre deshidratarse y encharcarse la tripa es muy fina, pero creo que hay que controlar la ingesta. Yo estuve bebiendo muchísimo más de lo que bebo habitualmente (que viene siendo lo que caiga en la boca bebiendo mientras corro), y en un momento fui consciente de que estaba generando una pecera estomacal. Afortunadamente lo pillé a tiempo y, bajando un poco el ritmo y bebiendo 1 vaso en vez de 2 e incluso menos, pude controlarlo antes de que fuera demasiado tarde.

Y así iba, a altibajos. En casi ningún momento me encontré “súper” como así ha sido en mis dos últimos Ironman, pero tampoco tuve que llegar a pararme ni caminar. Y allí hay mucha gente caminando, vomitando, haciendo eses, tirada en la cuneta de la Queen K,… impresiona muchísimo ver a esa gente tan fina, tan fuerte y tan preparada penando tanto. Kona is different.

Por desgracia no iba a poder “descansar” hasta la línea de meta, y tras hacer no muy mal el tramo del Energy Lab y el inicio de los ya últimos 10kms por la Queen K de vuelta a Kailua, antes de llegar a un avituallamiento, pego un chupito a mi botella de geles del Fuelbelt y cuando voy a coger agua para pasarlo, resulta que no tienen!! Que se les ha acabado!!!. “Ice, Gatorade, Cola… no water, sorry, ¡¡¿¿cómo que no water??!!. Tiro para adelante pensando que en 1 milla tendré otro avituallamiento, pero no llego… me da la vuelta al estómago y así terminaría los 5 últimos kilómetros, penando, con el estómago en la boca, y tirando de coco como pocas veces he hecho. Después, viendo las clasificaciones, vi que con lo que yo consideraba un churro de maratón (aunque luego el tiempo, 3h49’, no lo parece tanto), adelanté casi 250 puestos de la clasificación general, casi 50 chicas. Aquello es duro para todos.


Pero ahí está. La meta que llevo 12 años viendo en el ordenador a las tantas de la madrugada. El lacito de este regalo que está siendo el vivir esta experiencia. Y la cruzo tras 11h01’ de lucha en una explosión de emociones entre el llanto, la alegría, la risa... Una imagen vale más que mil palabras.







Y es en esa explosión en la que todo te viene de golpe a la cabeza. Esos "tú no podrás", "no entrenas lo suficiente", "has empezado muy tarde", "no eres lo suficientemente buena", pero también los "leerte me motiva para luchar por mis objetivos", "si tú puedes, ¿por qué no iba a poder yo?", sonrío recordando la foto de ánimo que me han mandado mis compañeros de trabajo.

Me acuerdo de todos los peldaños que hemos subido, pasito a pasito, de los muros que hemos derribado y también contra los que me he dado de bruces, saliendo endurecida, con alguna lección aprendida.

De lo duro que es a veces el día a día este loco que tenemos, pero lo bien que me lo paso, lo reforzada que sale mi autoestima, el chute de empoderamiento diario y el buen ejemplo que seguro que ya está captando mi pequeña Iria y que espero que le ayude a no rendirse, a luchar por aquello en lo que cree, a confiar en la fortaleza que tenemos las personas y que mucha gente no se atreve ni a explorar.

Orgullosa de mí. Orgullosa de mi familia. Orgullosa de lo que hemos construido y lo que seguimos construyendo.

jueves, 27 de octubre de 2016

Crónica IM Kona 2016: Cap.1 - La previa

Bueno, 2 semanas han pasado desde que volvimos de vivir ese sueño que ha sido estar en Kona, 2 semanas para digerir lo vivido, ordenar pensamientos y valorar aún más lo que allí pasó. No sé si es mejor escribir las crónicas en frío o en caliente, pero el caso es que no he podido hacerlo antes y no quiero dejar de hacerlo, que luego me sirve a mí para no olvidarme de las lecciones aprendidas y rememorar instantes, pensamientos y emociones y seguro que también le es útil a alguien más que se plantee llegar o incluso ya esté a punto de hacer su sueño realidad.
 

Eso sí, para no mataros de aburrimiento, lo haré en varias partes.
 
El camino
 
No se puede negar que ha sido un año difícil. 1 Ironman en una familia con una niña pequeña ya es complicado. Imaginad 3: Sergio con su Texas y Zurich y yo con Kona. El puzzle ha sido tremendo, pero gracias a una buena planificación y organización familiar hemos podido al menos sobrevivir, que no ha sido poco.
 
Viendo el percal, al principio de temporada Jaime planteó una periodización inversa: una primera parte de la temporada centrándonos en un trabajo de poco volumen (porque fundamentalmente teníamos pocas horas) y alta intensidad (similar a lo que puede hacerse preparando una temporada de corta distancia en periodo competitivo) y una segunda parte enfocada a los ritmos de medio e IM y con un volumen acorde.


Estos son los datos del volumen. Quitando las 2 semanas de vacaciones, muy "doable", que dicen los guiris. Eso sí, la gráfica no refleja la intensidad... 
 
Como siempre, trato de cumplir con lo planificado en la medida de lo posible y, afortunadamente este año los virus de guardería han sido mucho más benévolos con nosotros y, como consecuencia, a partir de agosto siento que estoy en el mejor punto de forma de mi vida. Una vez más lo hemos vuelto a hacer. Reconozco que no ha sido fácil, porque estar haciendo series a fuego en la pista o en el rodillo cuando es marzo y estás fuera de forma o, las últimas semanas, en las que ya había volumen pero que “todos los días había fiesta” y había que cumplir en las series, hacer los entrenamientos sola y muchos con calor por la adaptación, es duro. Duro pero gratificante.
 
La previa
 
Con esa sensación de trabajo bien hecho y de tener la capacidad de poder hacer una  buena carrera viajamos a Kona. Algo que creo que fue un acierto fue viajar a Atlanta, de ahí a Seattle y hacer una noche y una mañana en Seattle, donde pude dormir en horizontal y trotar un poco por la mañana para desacartonar las piernas y dar un paseo antes del último vuelo a Kona. Es más largo pero yo creo que llegas mucho menos cansado que haciéndolo todo seguido.


Gracias a que no llegamos muy cansados, pudimos hacer los 3800m de la Hoala Training Swim 12 horas después de aterrizar
 
Creo que no puedo describir con palabras lo que se vive allí la semana previa al Ironman. La ciudad está tomada por los triatletas (que además están todos secos secos… ¡¡madre mía!! ¡¡voy a  aquedar la porras!!), que a todas horas puedes ver nadando en el Pier, corriendo por Alii Drive o pedaleando en la Queen K; no hay una zona de expo, sino que las marcas están distribuidas por todo Alii Drive con sus mejores productos y realizando múltiples actividades, dejándote probar sus productos o haciéndote regalos (en el stand de Felt me revisaron la bici y me cambiaron los frenos gratis! Y encima me regalaron una camiseta y unas pegatinas para la bici!); se respira puro triatlón en un entorno absolutamente maravilloso, en plena naturaleza.




 
Yo iba por allí con los ojos como platos todo el día, como si fuera un niño pequeño en Disney World. Puede que andar todo el día de acá para allá con ese calor y esa humedad te mine un poco las fuerzas, pero si volviera a ir, lo haría exactamente igual. Lo disfruté tanto…. Y acostumbrada a lidiar con el pequeño terremoto que es Iria, aquello era hasta relajado jeje.   

 
Waipio Valley
Waikiki
 
Escapada a la isla de Oahu

En los entrenamientos previos me encontré bastante bien y sentía que me estaba adaptando a ese clima, que no es poco. También pasados unos días empecé a dormir un poco mejor, que los primeros días costó adaptarse a las 12 horas de cambio horario.

Conociendo la Queen K con guía de lujo
El mítico Kona Aquatic Center
¿La undepants run cuenta como entreno? ;-)


 Hasta el ritual del registro y el check-in de material me pareció emocionante.

 
Con el jefe!
El único “pero” es que en la cena de los atletas me empezó a picar la garganta, al día siguiente aún más y la noche previa apenas pude pegar ojo con un dolor de garganta como nunca antes había tenido. Se cumplía el mayor de mis temores: estaba mala el día del Ironman. Pero es en ese momento cuando empiezas a tener que tirar de coco y tratar de darle la vuelta a los pensamientos negativos: “vale, estaba mala. Pero sé que la adrenalina hace milagros. Ibuprofeno y a olvidarse del tema”.
 
Continuará